Cuando finaliza una temporada la pausa para evaluar el recorrido es tan importante como impostergable. Pareciera que siempre las voces se reparten entre el análisis del proceso y la medición de resultados anteponiendo el tiempo para equilibrar ambas posiciones. Se volvió un clásico dividirnos entre los que apuestan al mediado o el largo plazo –sabiendo que los frutos muchas veces son tardíos– y los que buscan objetivos inmediatos.
Curso: La gestión deportiva aplicada al mini básquet
Pensemos en una idea que contiene a ambas miradas: la importancia de estar juntos en el camino de cada jugador y cada jugadora en esta etapa de inicio. Cuantas veces reclamamos aprender a jugar en equipo y resaltamos su importancia, sin embargo, nos cuesta pensar una planificación común, capacitarnos entre pares, acompañarnos en el día a día. El punto de partida para que esto suceda es el cuidado de la palabra, pensar las diferencias como oportunidades de aprendizaje y no como amenazas.
Las siguientes son algunas preguntas que debemos hacernos para revisar el año que cerró y sobre todo para proyectar el que inicia:
- ¿Con cuántos jugadores y jugadoras iniciamos el año y con cuántos terminamos?
- ¿Pudimos concretar reuniones de familia para presentar, explicar y evaluar nuestro proyecto?
- ¿Completamos toda la tira desde cebollitas hasta la primera división? El año que viene, ¿proyectamos la segunda tira para lograr una participación más protagónica de todos y todas?
- ¿Los formadores/entrenadores se capacitaron?
- ¿Pudimos reclutar algún monitor?
- ¿Tenemos pensado en sumar estímulos de preparación física y motricidad para todas las categorías?
- ¿Los materiales didácticos y la infraestructura nos ayudaron a dar mejores clases?
- ¿La competencia fue educativa o el ganar estuvo por sobre el competir bien?
Dejemos de sospechar estas respuestas y busquemos datos concretos que nos permitan seguir avanzando. Cada contexto, cada realidad, cada horizonte generará sus propias preguntas e interpretará cada respuesta.
Aprender, desaprender y volver a aprender es claramente el gran desafío de los formadores en este momento de la educación en general y del mini básquet en particular.
Feliz 2024.
por Juan Lofrano
Una revisión estadística sobre la actuación de las selecciones argentinas de la última década demuestra que esa afirmación tan escuchada puede no ser tan precisa.
Entrenar mejor también es hacer mejores preguntas. Esta es una guía concreta para ordenar decisiones y darle sentido a cada práctica.
Pensemos el cambio de reglas propuesto para este año. Para eso hay que ir al pasado, analizar el presente y discutir el futuro del básquet formativo.
El entrenador Leandro Ramella enseña a trabajar todos los aspectos necesarios para contener esta jugada, con un abordaje acorde a la complejidad del básquet actual.